Diario de Fe

Pasaje de hoy

A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles. 1 Pedro 3:15

Por Daniel Nelson

Una de las cosas que más me emociona de lo que hago es el ver vidas transformadas por el evangelio. Hace unos años conocí a un señor llamado Leo. Tenía un estudio de la Biblia en la casa de la cuñada de Leo. Su esposa llegaba al estudio pero Leo no tenía interés en esas cosas.

El iba a los estudios solo cuando teníamos una fiesta o una comida. De vez en cuando iba a la iglesia con su esposa pero nunca mostraba mucho interés en las cosas de Dios.

Hablando con su esposa, supe que Leo batallaba con el alcohol. Un domingo tuvimos un paseo para la iglesia. Nos fuimos a un parque y allí tuvimos nuestra celebración seguida por una comida. Por alguna razón decidí predicar acerca de los peligros de las adicciones incluyendo el alcohol. Después supe que en una hielera Leo había traído sus cervezas al paseo y de alguna manera encontró la manera de tomárselas sin que nadie le viera.

Cuando decidimos venir a vivir a México tuvimos que despedirnos de esa iglesia. Cuando salimos de la iglesia Leo seguía en los mismos caminos. Tuve la oportunidad de verlo como un año y medio después.  El se me acercó para hablar conmigo. Después de saludarme me dijo con una gran sonrisa, “¡quería decirte que me compré una moto hace unos días!” Pues la verdad, no lo veía como gran noticia pero lo felicité de cualquier manera. “No entiendes,” me dijo, “la razón por la que la compré fue porque cumplí un año sin tomar.”

Leo ya está asistiendo a los estudios y participando en la iglesia. Cambiaron el estudio a su casa porque él quería invitar a familiares suyos y pensaron que les sería más fácil llegar a su casa. Ese es el poder transformador del evangelio. Solo el evangelio puede transformar a un hombre que trae cervezas a escondidas a un paseo de la iglesia, a un hombre que celebra un año sin tomar que quiere hablarle a su familia de cómo tener una relación personal con Dios.

Por esa razón no tenemos que tener vergüenza al compartir con las personas de lo que Dios ha hecho por nosotros. Es un mensaje que nos puede transformar, y es un mensaje que los puede transformar a ellos también.